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Actualmente estudiante de filosofía del ITESO, Ángel forma parte del equipo de investigación de Dog Dog. A través de las experiencias con su propia manada de perros y gatos, nos comparte sus reflexiones sobre los animales y el mundo de la filosofía, en una interesante mirada al universo con una perspectiva única.

Empezaré mi primera nota por hablar de dos cuestiones fundamentales. La primera de ellas busca entender qué es una decisión ética y la segunda pretende abordar la pregunta ¿por qué tener una mascota es una decisión ética?

Para comenzar, es preciso entender rápidamente qué es la ética y por eso incluiré esta breve sección de “ética exprés” como la primera parte, de dos, en que dividiré esta columna, para contestar los cuestionamientos anteriormente planteados. La ética es una rama de la filosofía que, se presume, tuvo su nacimiento en Grecia con el filósofo Platón, quien en sus diálogos mostraba a Sócrates caminando por las calles de Atenas y preguntando a la gente ¿qué es lo bueno? y ¿qué es la virtud? (por lo que no es de sorprender que el buen Sócrates terminara bebiendo la cicuta). Así pues, la ética estudia lo que debemos o no hacer, así como lo que consideramos bueno y malo; se esfuerza por desenmascarar supuestos y llegar hasta las últimas consecuencias.

A diferencia de otras ramas de la filosofía, la ética demanda un cumplimiento práctico, por lo que para ser ético no basta con escribir libros bonitos y tener muchos lectores; un pensador ético busca llevar a la práctica todo cuanto ha postulado en su teoría, incluso si al hacerlo encuentra repercusiones negativas en su vida y su persona. Ejemplo claro es el del  filósofo Sócrates, quien congruente a sus creencias y considerando su actividad como un servicio público que no debía ser perseguido, sino remunerado,  prefirió morir, antes de pagar la irrisoria multa impuesta por la corte al ser acusado de perversión de la juventud.

Lo que caracteriza a la decisión ética es estar implicada, primero de opciones y luego de consecuencias ya sea positivas o negativas. En ese contexto,  no toda decisión es ética, porque no toda decisión tiene ese nivel de importancia.

1Mark Rowlands, al que a partir de ahora llamaré “Nuestro filósofo de cabecera” nos da un brillante ejemplo de esto, más, como hablaremos de él y mucho en artículos posteriores, prefiero no cansar a mis amables lectores. En la historia de la filosofía han existido grandísimos ejemplos de personas que se han aferrado a la ética aunque esto les trajera la exclusión, el desprecio o la muerte. Otros han tenido mejor suerte y han sido muy reconocidos por su tiempo, como lo fueron los idealistas alemanes o Kant. Algunos más han preferido la indiferencia y el silencio con tal de no arriesgar el pellejo .

Por ejemplo, tomar la decisión de escuchar a Fernando Delgadillo, Amparo Ochoa, Alejandro Filio o Pink Floyd mientras escribo esta columna no es una decisión ética, porque a nadie afecta la música que yo escuche mientras escribo en tanto la columna se escriba.

Un punto importante es que en ética, como en cualquier rama filosófica hay que argumentar, es decir, dar razones por las cuales algo es o no correcto. No se vale (como muchas veces se hace), dar una opinión sin un razonamiento; hay que pensar ¿por qué crees eso?, ¿en qué te basas para sostenerlo?,  ¿cómo se contrapone a lo que argumentan otras posturas?

No se trata pues sólo de creer sino de reflexionar . Muchas veces, la ética lleva a la gente a oponerse a ciertas normas morales de su propia sociedad. Cabe destacar que la repetición a lo largo del tiempo no cuenta como argumento, el hecho de que por muchos siglos la mujer perteneciera al marido, no significa que eso estuviera bien .

Ahora, el ser posteriores en el tiempo no significa ser mejores. Nosotros, hijos del siglo de las máquinas y los robots, quisiéramos más de una vez tener la dignidad, el valor y la serenidad que tuvo Sócrates para afrontar la muerte, aún pudiendo evitarla.

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Así las cosas , ¿por qué entraría entonces el tener una mascota dentro de eso que llamamos decisión ética y no en la otra categoría que, por comodidad, podríamos llamar decisiones no éticas?  Porque, cuando decides tener una mascota, decides tener a tu cargo una vida. Un animal no es un cosa, piensa, siente y desea.

Cuando decides tener una mascota en cierta medida estás aceptando que te harás cargo de todas esas problemáticas, que van más allá de comprar su alimento y procurar que no se muera. Ciertamente, la dimensión económica es parte fundamental, mas no es quizás la más  importante y por supuesto no es ni remotamente, la única. Las dimensiones a considerar van desde el tiempo disponible que tengas para cuidar y jugar con el perro hasta, si por ejemplo te gustan los perros grandes , procurar tener un espacio donde puedan estar cómodos y seguros

En mis escritos posteriores exploraré las dimensiones y lo que hay implícito en cada una de ellas, con el fin de que estos escritos puedan ayudar a las personas a tomar una decisión reflexionada, consciente y medianamente ética acerca de tener o no una mascota.

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