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Desde hace un tiempo, en China y en Korea unos científicos están clonando  perros y otros animales por aproximadamente $70,000 dólares.  A pesar de que el método tiene muchas deficiencias todavía y que no garantiza éxito, el verdadero problema no está allí, en los problemas que debamos solucionar para conseguirlo, sino en que me parece un crimen. ¿Por qué?

En primer lugar, por la inmensa cantidad de dinero que hay que invertir para conseguirlo. Con ese dinero se puede mantener a un perro durante toda su existencia sin que tenga carencias de ningún tipo .

En segundo lugar, ya existen suficientes perros en el mundo y no necesitamos ni deberíamos crear más. En términos sencillos, diré que aquí aplican todos los argumentos que elaboré en mi artículo ¿Por qué adoptar y no comprar un perro?,añadiría que esto va todavía más lejos que la simple “compra” de un animal pues implica un deseo  específico, todo ello hace de la clonación algo éticamente  cuestionable; sin embargo quiero mencionar otra cuestión todavía más importante que esa: el problema de la unicidad de la vida.

Hoy sabemos que es biológicamente cierto lo que siempre hemos querido creer: que somos únicos. Cada uno de nosotros tiene un conjunto de patrones genéticos que nos hacen únicos. De hecho, la cuestión es todavía más asombrosa, pues en nuestra biología  cargamos todo el proceso que llegó hasta nosotros. Llevamos también la peculiar historia genética de nuestras familias.

Con los demás animales, la situación no es diferente, también ellos son únicos. Los perros  cargan con la selección artificial, lo que los separa de los demás animales, pero de ninguna manera  les quita su unicidad. Me gusta pensar (aunque no tengo manera de probarlo), que lejos de ser una máquina inerte es, cuando menos algo  creador y creativo, algo al que no le gusta repetirse.

¿Qué tiene que ver todo esto con la clonación de perros?

En primer lugar, pienso que al clonar un perro vamos en contra de esa unicidad, pues básicamente estamos repitiendo  intencionalmente algo que ya existió y con ello privándonos de la oportunidad de conocer a un ser nuevo.

En segundo lugar, estamos tratando ingenuamente de repetir una historia que ya tuvimos en el pasado. Eso es ingenuo porque supone  erróneamente que, porque ya tuvimos buenas experiencias con un animal genéticamente idéntico las tendremos de nuevo.

El problema es que no somos figuras de museo y cambiamos con el transcurrir de nuestras vidas. Nada garantiza que esos recuerdos que evocamos puedan repetirse. De igual modo, los perros también cambian  conforme a las situaciones que enfrentan y por ello es prácticamente imposible que el clon se comporte como el original, pues el mundo en el que habitará es completamente distinto y no sería nada raro que se comportara de manera distinta.

En tercer lugar, creo que eso obligaría a los humanos a vivir  atados al pasado. El pasado es hermoso y estudiarlo puede traernos aprendizajes muy buenos. Sin embargo, ser esclavos del pasado no es bueno, porque  nos impide  apreciar y ser presentes, ser actuales y disfrutar de la existencia que tenemos ahora y no de la que tuvimos hace tiempo.

En cuarto lugar, creo que no hay prueba más grande del orgullo  humano que el clonar animales, al hacerlo estamos alimentando ese orgullo nuestro que amenaza con destruirnos.

Para terminar, debo recordar que el objetivo de esta columna es hacernos reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestros perros. Si alguno de mis lectores decide clonar a su perro, no se preocupe  yo no iré a perseguirlo ni a regañarlo.

Y aunque nadie está listo para ver partir a su mejor amigo  peludo, llegado el momento, hay pequeñas cosas que podemos hacer para suavizar este trago  amargo. Conoce cuáles son dando clic AQUÍ.

 

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