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Actualmente estudiante de filosofía del ITESO, Ángel forma parte del equipo de investigación de Dog Dog. A través de las experiencias con su propia manada de perros y gatos, nos comparte sus reflexiones sobre los animales y el mundo de la filosofía, en una interesante mirada al universo con una perspectiva única.

La adopción canina es una práctica que afortunadamente está creciendo, sin embargo, son pocos quienes exponen tanto la idea de la compra como la de la adopción para ser comparadas en un sólo lugar. En notas anteriores había prometido abordar esta pregunta, por lo que a continuación voy a exponer algunos argumentos a favor de la adopción, que honestamente buscan persuadir a mis lectores.

Antes de empezar, y apelando a artículos anteriores, cabe recordar que adoptar a un can pertenece al ramo de las decisiones éticas, por lo tanto no se trata tanto de lo que podemos hacer, sino de lo que deberíamos hacer.

La primera razón tiene que ver con una problemática ecológica, y es que, al haber intervenido como humanos en el diseño de razas y mezclas que poseen un grupo de características que consideramos “estéticas”, traemos al mundo una mayor cantidad de animales, lo que implica una mayor demanda de productos, desgastando más a un planeta que vive actualmente en una crisis ambiental. Así, la llamada “producción” de perros ha contribuido a este problema y no es nuestro trabajo producir más, pues ya existen suficientes canes para todo aquel que desee ser responsable de uno.

Así mismo, es una realidad que la mayoría de nosotros (por no decir todos), no necesita un perro con características específicas, porque aunque tenemos nuestras preferencias, cualquier perro puede ser un miembro excelente de nuestra manada. En la mayoría de los casos (y en los que no, habría que analizar caso por caso para determinar lo que es pertinente), nuestros perros son simplemente de compañía y, afortunadamente, ellos resultan ser amigos leales y amorosos independientemente de su raza. Un ejemplo es mi mejor amigo peludo, que tiene de lo que llamarían “fino”, lo que yo de corredor olímpico y me ha acompañado fielmente durante muchos años.

Hoy más que nunca la adopción debe ser una cuestión de conciencia, al darnos cuenta de que los perros no son objetos y en consecuencia debemos preocuparnos por su salud, su seguridad y su bienestar, dejando a un lago sus rasgos físicos, como el color de su pelo, el tamaño de sus ojos u orejas o la forma de su cara y permitir que sus atributos visuales sean más importantes que la necesidad inminente de cuidarlos y protegerlos, parece simplemente incorrecto.

Por si buscaban más razones, está la cuestión económica y es que no es ningún secreto que los perros de raza son bastante costosos. Si lo pensamos bien, ese mismo dinero podría ser utilizado para cubrir las necesidades básicas de cánido adoptado.

Otra buena razón para la adopción canina es el aspecto médico, pues muchos perros de raza suelen tener mayor propensión  a las enfermedades congénitas o padecimientos tan lamentables como la torsión gástrica, por la baja recombinación genética que hay al reproducirlos. En casos extremos, como el de ciertas razas tales como los bulldog, ciertos cánidos no pueden respirar ni comer con normalidad debido a tales problemas físicos.

Por si fuera poco, al adoptar un can sacas a un amigo peludo de la calle y ayudas a reducir problemas como la contaminación del aire por heces caninas, el aumento en el número de perros sin hogar, al tiempo en que contribuyes a la prevención de infecciones y enfermedades dañinas para humanos y no humanos.

Aunque muchos puedan declarar cosas como “siempre hemos comprado perros de raza y así somos felices”, es preciso decir que, el hecho de que repitamos algo muchas veces no lo hace necesariamente válido o bueno. Aunque comprar perros de raza no es estrictamente algo malo, la idea de comerciar con una vida puede llevarnos, como a mí eventualmente me pasó, a la consciencia de que ésta debe ser respetada a toda costa y es algo que debe valorarse más allá del valor de cambio que parecemos darle al comprar y vender animales de compañía.

Por último, y abordando el tema de la ética, comprar un perro es cuestionable no sólo por lo expuesto en este breve escrito, sino también porque reproduce la idea de que los dueños de la vida y de que somos los únicos seres importantes y valiosos que existen. Tras esta reflexión y, con todo respeto, espero que mis lectores vayan por el camino de la adopción, porque así como yo, muchas historias yacen tras la adopción canina y la forma en que a muchos nos cambió la vida.

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