Compartir:
Actualmente estudiante de filosofía del ITESO, Ángel forma parte del equipo de investigación de Dog Dog. A través de las experiencias con su propia manada de perros y gatos, nos comparte sus reflexiones sobre los animales y el mundo de la filosofía, en una interesante mirada al universo con una perspectiva única.

¿Los animales piensan? Para los seguidores de Dog Dog y lectores del blog, así como de mi columna, la respuesta debiera ser una y unívoca: Sí. Sin embargo, a la fecha existen todavía muchas personas que sostienen (a pesar de que casi toda la evidencia de los últimos 20 años está en su contra) que los humanos son los únicos seres racionales.  Para mí esto no es de sorprender, de modo que a continuación les explico brevemente el por qué:

Aristóteles, por ejemplo, definió al hombre como animal racional; su definición no sólo tuvo una gran repercusión en la filosofía occidental, sino que aún hoy sigue siendo punto de referencia para muchos a la hora de hablar de nosotros mismos. No es que Aristóteles estuviera mal, lo que está mal es que en pleno siglo XXI seamos incapaces de tomar críticamente lo que los antiguos dijeron.

La razón es algo muy importante para nosotros, nos permite crear cosas que nos hacen más fácil la vida , nos ayuda a entender mejor el mundo, nos permite escribir lo que pensamos y así conservar recuerdos sobre nuestra vida.  Nuestra época ha puesto a la razón en el más alto de los peldaños, piensa que solo la razón vale la pena, que sólo aquello que se pueda hacer o llamar como “racional” merece ser escuchado. La razón, piensa Descartes, es lo que nos permite tener el control y el dominio de todo.

Por si fuera poco, a la razón se le suelen atribuir cualidades como la mesura y el buen juicio e inclusive se le ha llegado a colocar como base  única de toda posibilidad de ética, pues se le contrapone comúnmente a la emoción y a lo sensible, a lo carnal y a lo bajo. Para rematar, solemos contraponernos a las bestias irracionales y pensamos que es solamente la razón la que nos permite construir y mantener funcionando a las sociedades.

Tendemos a pensar que si no fuera por la razón, viviríamos en el mundo como los demás animales, bajo la ley del más fuerte. La racionalidad y, sobre todo, el pensar que es una cualidad exclusiva,  no sólo nos ha permitido creer que somos superiores a los demás animales y que podemos hacer cosas que los otros no pueden, sino que nos ha llevado a pensar que somos mejores que ellos.

Pienso que en el fondo nos duele aceptar que esto no es así, porque amenaza la muy vieja y arraigada idea de que somos especiales, diferentes de todas las demás especies.

Quiero aclarar que aunque estos párrafos puedan parecer difíciles para muchos, no tengo nada en contra de la razón, de la civilización o  de los humanos en sí mismos, pues parecen ser muchos, incluidos no pocos filósofos, los que aún no son capaces de reconocer que los animales que no pertenecen a la raza humana piensan y en muchas ocasiones ni siquiera pueden aceptar las implicaciones que el hecho de que otros seres también piensen, tiene sobre nuestra realidad o de afrontar los retos que estos descubrimientos nos entregan. Aunque no creo que por lo anterior haya que deprimirse, sino más bien asumir las problemáticas y tratar de brindar nuevas soluciones a un mundo urgido de ellas.

Los primeros descubrimientos relevantes, por no decir  paradigmáticos acerca de esta cuestión fue hecho por la doctora Jane Goodall en los años 70; fue ella quien descubrió que otros primates usan herramientas para modificar su medio, además de tener relaciones sociales complejas e incluso comportamientos únicos de grupo, así como comportamientos y reacciones individuales.

Antes de estos descubrimientos se pensaba que los animales no humanos eran máquinas autómatas perfectamente programables, incapaces de comprender cualquier tipo de concepto o de desarrollar el lenguaje; como quien dice, autómatas que sólo respondían al binomio: estímulo-respuesta. Sin embargo, después de estos descubrimientos, hemos encontrado que otros animales son capaces de desarrollar el lenguaje e incluso tienen la capacidad suficiente para aprender y entender  lenguaje de señas (así lo demuestra “Koko”, un gorila adiestrado por la Dra. Francine Patterson en el lenguaje de señas americano y que es capaz de comunicarse por medio de más de mil signos basados en este sistema derivado del inglés.)

Ahora nos preguntamos, ¿por qué esto implica una revolución? porque da en el fondo de nuestros supuestos básicos, nuestros supuestos filosóficos sobre lo que somos, sobre lo que los demás animales son  y sobre lo que es el mundo en general y nos obliga a plantearnos y replantearnos preguntas como: ¿Qué es lo que somos?, ¿cuál es nuestro papel respecto a la naturaleza ? ¿cómo deberíamos tratar a los demás animales? … Y conviene preguntarnos ¿Cómo ha afectado esta revolución a los perros?

2

A los perros les ha ido bastante bien. Poco a poco nos hemos ido enterando de que los cánidos muchas veces nos entienden mejor a nosotros de lo que nosotros los entendemos a ellos y que incluso éstos son capaces de distinguir entre nuestras palabras con bastante precisión y detectar muy bien nuestros estados emocionales. A continuación realizo una síntesis de lo que Carlos Alfonso López García nos presenta en su libro: “Adiestramiento Cognitivo-Emocional”, para ahondar en el tema.

Esa revolución de la que hablo anteriormente en esta nota, es precisamente lo que dio origen al adiestramiento cognitivo-emocional que se utiliza en DogDog. Anteriormente, si alguien buscaba entrenar a un  perro, lo hacía más o menos así :

Estimulaba al perro hasta que lograba obtener la respuesta deseada, una vez obtenida , la mecanizaba en el perro mediante un refuerzo positivo, una galleta u otro premio que ayudara a que el perro asosiciara el premio con la conducta deseada.

Durante un montón de años esto funcionó así y además era bastante efectivo, se podía enseñar a un perro a hacer casi cualquier cosa; sin embargo, surgió un problema cuando se trataba  del adiestramiento de perros de asistencia.

El método clásico no funcionaba lo suficientemente bien con esos perros, porque la asistencia implica enfrentarse con un mundo complejo y cambiante, en el cual las respuestas predeterminadas no siempre funcionan. Otro problema es que los perros de asistencia  muchas veces necesitan  desobedecer a los humanos que cuidan y para ello necesitan saber tomar las decisiones adecuadas.

Para resolver estas problemáticas y gracias a los avances de la ciencia, un invidente inglés llamado Bruce Johnston que intentaba solucionar esos problemas: el adiestramiento cognitivo.

El gran problema con el adiestramiento cognitivo, radicaba en el hecho de que cuando los perros estaban muy emocionados, perdían la concentración y hacían cualquier cosa menos la que se  esperaba que hicieran. Para solucionar  este problema,  se tuvo que entender que el pensamiento  y las emociones a pesar de ser distinguibles, están implicadas y se afectan mutuamente.

Por lo anterior, fue necesario incluir a las emociones dentro del programa de adiestramiento y una vez haciendo esto, fue como surgió  el adiestramiento cognitivo-emocional, que aprovecha la mecanización del sistema clásico con las habilidades de los perros para enfrentar situaciones nuevas y entender conceptos, al tiempo en que se les enseña a trabajar en niveles emocionales altos para que puedan poner en práctica lo aprendido durante el adiestramiento  en casi cualquier situación

Muchos aspectos del cerebro y la cognición humana siguen siendo un gran misterio, y aunque los avances son impresionantes, todavía nos queda mucho por descubrir y entender. Por ejemplo: no sabemos exactamente cómo es que la mente y el cuerpo están involucrados en el proceso de conocimiento… Tampoco sabemos cómo es posible que algunos beneficiarios de trasplantes adquieran, justo después de los mismos, recuerdos, aptitudes y manías de sus donantes.

En el caso de la cognición animal todavía estamos en pañales, actualmente una de las mejores herramientas con las que contamos es la analogía “aprovechar lo que ya sabemos de los humanos para ver si encontramos mecanismos parecidos en los animales”.  Lo cierto es que el futuro es excitante y prometedor (al menos en cuanto a la cognición animal y canina se refiere)  y no estoy seguro de lo que nos deparará el futuro.

_________

1Ya he sostenido numerosos e intensos debates, que, aunque no han conseguido hacerme llegar al objetivo deseado, cuando menos me han permitido plantearles a mis compañeros filósofos la idea de que los no humanos piensan.

Compartir: