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La historia comienza: un perro ha llegado a tu vida y todo está por cambiar. El perro, aún sin nombre, o con uno que quizás tiene una historia si tomaste la decisión de rescatarlo o adoptarlo, empezará igual que tú, una nueva vida. Ya nada será igual.

Los lugares que solía reconocer a través de su nariz han cambiado, su pelo se eriza al olerte a ti y cada nuevo lugar al que lo presentas. Mueve la cola en todas direcciones, dependiendo aquello que huela. Algunas cosas le parecen agradables, y otras neutrales o negativas, dependiendo sus antecedentes.

Su mundo y el tuyo se encuentran. Aún no se conocen pero ambos tienen expectativas. Él, de tener un lugar seguro, una manada con la cual pueda convivir, alimento, agua y alguien a quien serle fiel. Tú, por otro lado, te has imaginado con él jugando, llevándolo a algunos lugares para pasar increíbles momentos juntos. Te has visualizado dando caminatas por tu colonia, enseñándole algunos trucos, tomándose fotos y compartiéndolas con tus amigos.

Y así empezó tu visión de ti mismo: teniendo un perro. Recordaste lo que tus amigos platicaban sobre las peripecias con los suyos, hablaban de sus perros como si fueran un amigo, otros como parte de la familia y algunos como El Perro de la casa a secas.

Pero de entre todos los comentarios, siempre te pareció más atractiva la idea de pasarla bien con él, subestimaste las dificultades que implicaría tener un perro y entonces te dijiste a ti mismo que no podría ser tan difícil; además, habiendo tantos perros, alguno sería el compañero ideal.

Lo viste, te enamoraste a primera vista de su rostro, de sus ojos redondos y brillosos, te gustó por su apariencia, su inquieta y vivaracha actitud. Entonces lo acariciaste, lamió tu mano, te presentaste con él, le compraste su placa de identidad, su collar, su alimento y lo invitaste a dormir a tu lado.

Tu perro, sospechosamente tranquilo, no mostró ningún mal comportamiento las primeras semanas, quizás se portaba increíblemente, o no… Pero con el paso del tiempo sus conductas empezaron a complicarse y entonces buscaste en Google un lugar para entrenarlo, pues no podrías arriesgarte a seguir pagando todo lo que había roto ya, menos aún seguir tirando a la basura tus zapatos favoritos.

Entonces fue así que llegaste Dog Dog Encaminando a tu Perro y entregaste una lista de todo lo que querías cambiar de él. Fue entonces cuando el entrenador te dijo: ¿has pensando en qué puedes cambiar de tu vida para que él cambie su forma de ser contigo? Le dijiste que NO, pues es el primer perro del que te hacías cargo formalmente. Leiste blogs, viste videos, te aconsejaste de amigos y trataste de entrenarlo anteriormente, pero ya no sabías qué más hacer. Preguntaste si realmente tenías que cambiar algo en ti o si era una broma lo que el entrenador te preguntaba. Le contestaste que pagarías el entrenamiento y que esperabas ver cambios en el perro, nada del otro mundo, solo que se porte bien y te haga caso.

Este entrenador, tras diagnosticar la Perronalidad® de tu perro, te hizo ver todas sus cualidades, te ayudó a entender el porqué de sus conductas y te dijo que la pregunta definitivamente no era una broma.

Y fue así que convencido de lo que te dijo y los cinco años de experiencia de la empresa, tú y tu perro emprendieron una aventura en compañía del staff de Dog Dog y sus fundadores, donde comienza la historia de nuestro lema: No tengas un perro, ¡vive con un perro!, pues la vida es mejor al lado de uno, compartiendo con él, aprendiendo con él y viviendo con él. Donde aprender no es algo que acabe, es algo que van haciendo juntos mientras comparten la vida, así: Juntos en las patas de tu perro.

Dedicamos el mensaje de esta campaña a todos los perros, que con su sabiduría, han venido al mundo a enseñarnos a vivir la vida de otra forma, a pensar más allá de nosotros mismos como individuos, a compartir nuestros recursos, a ser más ordenados, disciplinados, perseverantes, activos y empáticos.

Gracias PERROS, nos han cambiado la vida. Gracias Ethan, Toui, Masai, Obi Wan, Marco, Melquiades, Portos, Martin, Eins, Eimi, Milton y a todos los perros que son miembros de DogDog. Gracias por traer a sus humanos a nuestro Club, donde dejamos de ser sus dueños y aprendemos a ser sus humanos.

Ahora comparten la vida tú y tu perro, así la historia tiene un desenlace feliz: #HappyTogether

Saludogs,

Lina Palafox

CEO & Founder

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