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Así que, estuviste fuera de casa por unas horas y es tiempo de regresar. Abres la puerta y tras saludar a tu perro, quien como siempre te recibe con entusiasmo, percibes un aroma de lo que parece ser pipí… Como podrás esconderle cosas al mundo, pero jamás a tu perro, éste se oculta bajo el sillón rápidamente, mientras tú sigues tu olfato hacia la fatídica ¡escena del crimen!

En efecto, tus sentidos no te engañan, has encontrado una meada en ese lugar que detestas, lo que se ha vuelto un problema algo recurrente en la última semana con tu perro. Mientras la sangre se te agolpa en la cabeza, un poco abrumada por el coraje que ahora sientes, tus labios pronuncian inminentemente los nombres de los miembros de tu manada (si es que tienes más de uno), quienes acuden al llamado con la cola entre las patas.

Los miras fijamente a uno y otro tratando de detectar al criminal; apuntas con el dedo la evidencia y preguntas inútilmente ¡¿quién fue?! De inmediato crees detectar indicadores que inculpan a uno o a otro… Te remites al historial de cada uno en tu cabeza, tratando de recordar los episodios en los que has agarrado al bribón con las patas en la masa, pero sigues sin poder distinguir al responsable. Pues bien, lamentamos decepcionarte, lo que tu perro siente al meter la cola entre las patas y bajar la cabeza en actitud de sumisión ¡No es culpa!

Y es que por mucho que lo creas, los perros no sienten culpa o al menos estos fueron los resultados de un estudio realizado por Ljerka Ostojic, una investigadora de la Universidad de Cambridge.

En el estudio, se hizo pruebas con diversos dueños y sus perros, en donde le pedía al dueño que colocara un panecillo sobre la mesa y le diera al perro la instrucción de no comerlo, luego, un extraño en la habitación, motivaba al perro a comerse el panecillo o bien, lo tomaba de la mesa y peparaba la escena para inculpar al perro aunque éste hubiera sido bueno y no hubiera desobedecido a su amo.

Al regreso de su humano a la habitación y al ver el panecillo desaparecido de la mesa y las migajas regadas por el piso, el perro siempre mostraba los mismos signos, la cola entre las patas, la actitud de sumisión y la mirada de culpa, pero el dueño nunca fue capaz de distinguir si el perro en verdad había cometido el crimen o si un humano había preparado la escena. De hecho, en la mayoría de los casos, los dueños inculparon a sus perros, valiéndose de la actitud sumisa de sus canes, aunque éstos no hubieran hecho nada malo.

De acuerdo a la Dra. Ostojic, “el perro no siente culpa, éste sólo está respondiendo al lenguaje corporal del humano y realmente no entiende qué es lo que hizo mal, por lo que es probable que vuelva a cometer el mismo error en el futuro”

Por otro lado, la Dra. Susan Hazel de la Universidad de Adelaide, concuerda en que ha habido varios estudios capaces de revelar que los perros no sienten culpa. “He tenido algunos clientes que llegan a casa para encontrar un zapato masticado y al ver a sus tres perros eligen regañar a uno por demostrar aparentemente mayor culpabilidad que los demás, aunque éste no lo haya hecho. Sucede que uno de los 3 perros es el más tímido y nervioso de la manada y siempre termina regañado por su actitud sumisa”.

En Dog Dog Encaminando a tu perro, sabemos que así como tu can no siente culpa, sí puede detectar cuando estás siendo injusto con él, cuando lo regañas después de que se ha portado mal, sin haber estado presente en el momento de la acción para asegurarte de que entienda por qué lo estás regañando. Por eso te invitamos a participar en nuestros talleres y sesiones de guardería educativa, en donde te enseñaremos a entender mejor a tu amigo de cuatro patas, a guiarlo y rehabilitar los comportamientos que no te gustan y diseñar estrategias perronalizadas para mejorarlo. Sigue nuestro blog para descubrir ¡¿Por qué los perros no sienten culpa, pero sí envidia?!

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