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Revisemos hacia atrás los diferentes momentos en los que hemos estado con nuestros perros y reflexionemos cuántas veces utilizamos la palabra “NO” o palabras y frases similares, con las cuales queremos educar a nuestro perro o manifestarles que su conducta o acción no es la deseada.

Sin contar las veces en las que les platicamos lo molestos que estamos por algún mal comportamiento, e intentamos decirles a través de expresiones humanas como: “qué no entiendes”, “eso no está bien”, “auch, me duele”, “pero de dónde sacaste eso”, “perro malo”, “Firulais no, no, no, perro tonto”, etc., podríamos apostar a que son repetidas las ocasiones en las que utilizamos el “NO” (o similares) para comunicarnos con nuestro perro, y que estas ocasiones superan el número de veces a las que les decimos por ejemplo “muy bien!” (o similares), y les pedimos comandos positivos como “sentado, ven, quieto” sin que venga incluido el “no” o un gritillo por ahí.

El “No” es la palabra que en el mundo de los humanos es universalmente conocida como una connotación que hace referencia a algo negativo, prohibido, dañino, etc. Desde pequeños nos enseñan esta palabra, y nos hacen ligarla normalmente a un castigo, sanción o consecuencia negativa.

Bueno, para el perro el “No” significa “nada”. Y universalmente en el mundo canino significa eso y nada más que eso. No es, si no por el humano, que el perro ha logrado asociar el “No” a lo anteriormente mencionado. Sin embargo, el perro no comprende el concepto de esta palabra. Para él, el “no” simplemente está vinculado a diferentes acciones, gestos o estados anímicos propios de su humano (o su familia). Por ejemplo: “No” podría ser igual a: periodicazos, sapes, nalgadas, gritos, zapatasos, berrinches, blasfemias, encierro, aislamiento, escobazos, actitudes de enojo, rechazo, etc. Y siempre que un perro que aprendió está palabra ligada a lo anterior, vinculará el “no” a aquello que lo marcó y que asociará a algo negativo (por lo general).

Sin embargo el “no” deja de tener un sentido si lo repetimos constantemente, si la consecuencia física, verbal o situacional a la cual asocia por lo general la palabra deja de tener una repercusión emocional en él, o si encuentra la medida de su humano y entonces halla cómo desafanarse de la consecuencia, por ejemplo: echar las orejas hacia atrás y esconderse en su “lugar de castigo”, o mejor dicho en su lugar de refugio. Astuto perro!

El “No” es una palabra y una forma de castigo o sanción de la cual se abusa, y se utiliza de manera incorrecta por lo general.

Una forma de enseñarla y aprovecharla con nuestro perro es dejar de usarla en repetidas ocasiones y sólo usarla en momentos críticos. Nuestra entonación, postura física y emotividad deben ser contundentes, de tal forma que a nuestro perro le quede muy claro que eso que hizo es totalmente reprobable. Y una vez que utilicemos esta palabra acto seguido debemos usar un comando positivo que modifique la acción incorrecta por la correcta, por ejemplo: “NOOOO” + “VEN” en caso de que nuestro perro esté corriendo hacia otro perro en un parque. Y una vez que el perro vaya hacia nosotros, entonces es momento de felicitarlo!

Para lo anterior es imprescindible que nuestro perro sepa el comando que le pedimos, y que lo domine! Recuerda que no podemos castigar o exigir a nuestro perro a que haga algo que todavía no le enseñamos. Hay que empezar por educar a tu perro para ponerlo a prueba.

Y para todas aquellas ocasiones en las que podamos prescindir del uso de la palabra “no”, aprovechemos todos aquellos comandos que nuestro perro sabe hacer antes de decirle “no”. Para nuestro perro siempre será mejor educarle a través de la exigencia de un comando que le implique una acción (comando) a un impedimento (“no”).

 

 

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