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Actualmente estudiante de filosofía del ITESO, Ángel forma parte del equipo de investigación de Dog Dog. A través de las experiencias con su propia manada de perros y gatos, nos comparte sus reflexiones sobre los animales y el mundo de la filosofía, en una interesante mirada al universo con una perspectiva única.

Dejando la filosofía por un momento, hoy quisiera contarles una anécdota de mi manada disfuncional. Empiezo por decir que mi manada es tremendamente disfuncional; se compone, entre otras cosas, de un Chihuahua y una cruza de Schnauzer con Poodle que no son precisamente la mejor muestra de comportamiento. Lo cierto es que nunca paran de hacer sus “graciasdentro de la casa, incluyendo la de ladrarle a las visitas e incluso “luchar” entre ellas. A pesar de eso, cuando estamos cuatro en casa, incluyendo a mi madre y a , se respira bastante calma, muchos abrazos y chiqueos para las pequeñas, circunstancia que no tarda en cambiar cuando aparecen los otros miembros de la manada, en particular Frida y Newton.

Aunque el nombre dulce los confunda, Frida es un gato travieso que no se conforma con tocar y abrir la puerta a la media noche para meterse a mi cuarto, también ha aprendido a colarse por la ventana como todo un ladrón, con la maestría de quien, en plena temporada de calor en donde se dejan las ventanas abiertas, ha aprendido a escalar hasta la ventana sin hacer ni un poco de ruido, lo que lo hace, además de malvado, muy brillante y gracioso para ser un gato.

Lo cierto es que su mal comportamiento es el causante de tenerlo que sacar, pues tras ser castigado siendo dejado afuera de la casa, regresa para desquitarse de forma bastante ingeniosa y peculiar. La venganza de la que hablo consiste en perseguir al Chihuahua, hacerlo batallar y luego salir huyendo hacia la escalera; no puedo negar que eso es bastante gracioso, pues ¿cómo puede ser un gatito tan ingenioso al mismo tiempo? Es evidente que aunque no me quede claro, Kira no piensa lo mismo.

Las cosas se ponen más intensas cuando Newton entra a escena. Newton es para mi un cachorro de tres meses hermoso, grande, fuerte, juguetón y muy noble. Tan pronto se encuentra cerca del departamento, “Peach” y “Kira” se ponen como locas, empiezan a gritar y gruñen en todo momento.

Una vez que “Newton”, el torbellino, entra en escena , lo primero que hace es (si su tutor, mi hermano lo sube a mi escritorio) ir por oreja derecha, lo cual le encanta, (desconozco porque tanta fascinación por esa oreja en particular) . Tan pronto se encuentra en el suelo, lo primero que hace es ir por mi esponja de baño y presumírmela como trofeo. Una vez que consigo quitársela, corre tras el Chihuahua (pobre, siempre le toca lo feo)  que se esconde en el rincón más alejado que encuentra.

Después trata de jugar con mi perro, al cual no le hace mucha gracia y lo muerde, (aunque a “Newton” no parece importarle demasiado). Una vez que están todos, el torbellino, el gato travieso y las dos ya mencionadas, el cuadro se vuelve invaluable. El torbellino no lo es tanto, le tiene un pavor impresionante al gato y no se le acerca aunque le obliguen. El gato se limita a ver a todos como si fuera el rey de todos y a azotar su cola en el suelo para ver si alguno se atreve a acercarse. Las otras dos se mantienen gruñendo y ladrando (claro está, a una distancia prudente). No es sino hasta que el torbellino se va a dormir a la azotea y el gato es exiliado en contra de su voluntad, la calma regresa. Sin duda es un cuadro de película como la de Mascotas, ahora de moda.

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