Compartir:
Actualmente estudiante de filosofía del ITESO, Ángel forma parte del equipo de investigación de Dog Dog. A través de las experiencias con su propia manada de perros y gatos, nos comparte sus reflexiones sobre los animales y el mundo de la filosofía, en una interesante mirada al universo con una perspectiva única.

En el artículo pasado hablábamos, siguiendo a Mark Rowlands y el filósofo y el lobo,  sobre el modelo dominante perro – amo como un extremo negativo para relacionarnos con nuestro cánido y, en contraste, en la ruptura de dicho modelo para tratar al perro como si fuera un humano, siendo ambos extremos malos para la relación humano-perro.

La pregunta que buscamos resolver a continuación es, habiendo dicho lo anterior, ¿con qué podemos sustituir este tipo de relaciones? Queda claro que reducirse a criticar ambos modelos no es efectivo, sino crear propuestas de modelos que sean más justos con los animales no humanos.

Para poder proponer este nuevo modelo resulta necesario realizarnos la pregunta ¿qué es eso de la tutela como nuevo modelo de relación? Siendo también importante cuestionar ¿en qué sentido resulta alternativo al modelo dominante?

El modelo de tutela  es una forma de relación que establece la obligatoriedad del humano de responsabilizarse por los actos del animal. Por ejemplo, responder por los destrozos que pudiera causar a los bienes de otra persona. El animal, en este caso, no puede hacerse responsable de sus actos y es por eso que el humano tiene que hacerlo.

Los animales no entienden, por ejemplo que no deben hacer huecos en el jardín del vecino. Si bien es un gran debate si los canes son capaces de actuar moralmente o no, parece claro que no son capaces de entender por qué tal o cual acción causa daño a otro. Como el animal no entiende eso, el humano debe protegerlo del mundo.

El modelo de tutela no sólo otorga responsabilidades al humano, permite otras cosas mucho más valiosas. La apertura ética permite que el humano aprenda del animal, porque lo vuelve más sensible  respecto a él mismo y le permite observar en él más cosas.

Rowlands lo tuvo bien claro, empezó por hacerse responsable de la capacidad destructiva de su lobo Brenin y por ello lo llevaba con él a todas partes. Este proceso lo hizo aprender mucho sobre Brenin. Cito a continuación a Rowlands, su escrito se encuentra en el contexto  de una conversación que sostenía con los defensores de los animales, que argüían que no era ético sacar a un lobo de la naturaleza para llevarlo a la civilización:

“No era sólo que me encantase tenerlo cerca: Gran parte de lo que sé de la vida y su sentido lo aprendí de él . Aprendí de un lobo lobo lo que es ser humano. Y tan a fondo se metió en todas las facetas de mi vida, que llegué a entenderme, a definirme e incluso a partir de mi relación con Brenin…. Hay quien dice que tener mascotas está mal porque pasan a ser propiedad de uno. Técnicamente supongo que es cierto . Existe un mínimo sentido legal  según el cual se podría decir que yo era dueño de Brenin …  Si uno es dueño de algo en sentido legal  esa es la única relación que se puede tener con ese algo… En el fondo, Brenin no era mi propiedad y, sin duda no era mi mascota. A veces y en algunos sentidos era mi hermano menor. Esas veces, y en esos sentidos, yo era su tutor: lo protegía de un mundo que él no entendía  y que no se fiaba de él . Esas veces,  y en esos sentidos yo tenía que decidir lo que íbamos a hacer  e imponer esas decisiones con o sin el consentimiento de Brenin … Es la noción de tutela más que la de propiedad la que parece proporcionar la forma más plausible  de relación que existe entre la gente y sus animales de compañía” (pongo lo siguiente aparte porque me parece sumamente relevante) .

“Brenin fue mi hermano menor solo en algunas ocasiones. En otras ocasiones y otras circunstancias fue mi hermano mayor, un hermano al que admiraba y, sobre todo quería quería emular”.

Creo que es imposible describir mejor cómo la tutela nos abre muchas posibilidades. Lo cierto es que en el fondo, mientras seamos ciegos y sordos ante lo que podemos aprender de nuestros animales, la tutela no nos servirá de mucho. La tutela  representa el primer paso para abrir un nuevo tipo de relación, que no sea meramente objetiva, sino intersubjetiva .

Una vez hecha esa apertura habría que cultivar y recuperar esa sensibilidad, que estando en nuestro  mundo, tan obsesionado con tiempos, horarios y cronómetros, hemos llegado a perder. Los invito pues a ser buenos tutores de sus animales (yo fui un pésimo tutor muchos años) y sobre todo a abrirse a una nueva relación con sus perros.

En Dog Dog tienen el compromiso de ayudar a las personas y perros a tener una mejor relación a partir de la vinculación y métodos positivos por medio de programas integrales con educación, socialización, adiestramiento y corrección de conductas. Si quieres más información da clic AQUÍ.

 

Compartir: